“Ahora que ha pasado el verano, ¡ya os ha bajado la faena!”

Desde que finalizamos el mes de agosto, es una de las frases que más nos dice nuestra clientela: “ya baja la faena”, “estáis más tranquilas”, ... y similares. También hay alguna despistada que nos pregunta "¿cómo os han ido las vacaciones?"

Hemos reflexionado con las compañeras de despacho sobre estos puntos. Ciertamente, la gran mayoría de personas han finalizado sus vacaciones y los clientes de segundas residencias han vuelto a las rutinas diarias: reincorporación al trabajo, a la escuela, a sus países de origen. En nuestro día a día, ha finalizado la frenética etapa de maratones de reuniones de propietarios entre semana, la mayor llegada de huéspedes de las viviendas de uso turístico... pero la respuesta del equipo ha sido contundente: no podemos bajar el ritmo, porque el trabajo pendiente es inmenso, en cada una de las áreas de casa:

DEPARTAMENTO ALQUILERES: Aunque este mes de septiembre hemos constatado una importante disminución de los clientes del país, principalmente debido al adelanto del calendario escolar, sigue siendo un mes de llegada de huéspedes, con todo lo que conlleva. Y posteriormente, quedará todo el trabajo de revisión de viviendas, liquidaciones y trato con los propietarios, sin perder de vista su preparación para la próxima temporada 2023.

También suele ser un momento idóneo de entrada de hogares por alquiler para todo el año, incrementando el trabajo de captación, visita y gestión con inquilinos y propietarios.

DEPARTAMENTO SEGUROS: con la llegada más masiva de nuestros clientes a las segundas residencias, aumentan las notificaciones de siniestros, y su gestión. La mayoría de ellos se han ido resolviendo, pero nos quedan expedientes de difícil diagnóstico, o de compleja reparación, que requieren mayor trabajo y coordinación de distintos industriales.

Y además, es necesario preparar y pensar nuevas campañas comerciales.

ÁREA VENTA DE INMUEBLES: el final de verano es la época estrella de muchos clientes, para hacer balance de temporada y decidirse a dar un paso familiar importante: para quienes disponen de propiedad, quizá sea el momento de venderla; para quienes han disfrutado de nuestra tierra como inquilinos, les empieza la ilusión por comprar una residencia... Y todas estas gestiones requieren tiempo de consultas, visitas y un gran asesoramiento y diálogo con cada familia.

ÁREA DE ADMINISTRACIÓN DE FINCAS: Tal y como explicábamos inicialmente, hemos finalizado los maratones de reuniones de propiedades. Pero de cada una de estas asambleas, se desprenden multitud de gestiones, inicios de obras y trabajos diversos, visitas con los industriales, solicitud de presupuestos, reuniones de planificación con Juntas Rectoras, reclamaciones judiciales a deudores.

En muchas ocasiones, mientras se celebra la misma reunión o desde el mismo momento que se cierra, ya estamos trabajando en los encargos o peticiones de los asistentes.

A partir de ahora debemos trabajar planificadamente, y de forma constante durante las semanas y meses siguientes, para cumplir al máximo posible los acuerdos aprobados.

Además, hay dos hechos muy relevantes que reducen nuestra disponibilidad en el despacho, que marcan nuestro día a día, y que esperamos con muchas ganas (por motivos distintos):

  1. El incremento de las formaciones por parte de los tres colegios profesionales que formamos parte: acciones imprescindibles para que todo nuestro equipo mejore profesionalmente, prestando entre todas, el mejor servicio posible y de calidad 
  2. Las vacaciones de todas las compañeras: esperadas y merecidas, momentos que de forma rotatoria desconectamos y cargamos energía. Empecemos por el equipo del incansable DEPARTAMENTO DE LIMPIEZA, y poco a poco seguiremos todas las demás. 

 

Por tanto y en conclusión, seguimos, con ganas, energía, la desconexión necesaria, pero en ningún caso reducimos nuestra actividad!!

 

Yo también soy turista

En el escrito anterior decíamos que la temporada turística comenzaba a despertar. Y en una empresa como la nuestra, debemos prepararla varios meses de anticipación: hay que revisar los alojamientos, y tratar con los propietarios la mejor manera de trabajar juntos. Preparamos la finca, y su equipamiento, y la publicidad y búsqueda de los huéspedes.

El alquiler de apartamentos turísticos fue la primera actividad del despacho de casa. Con la voluntad de servicio (ver pequeña historia en el apartado “quiénes somos” de nuestra web), nuestro abuelo y nuestro tío empezaron a ayudar a los primeros turistas que venían a St. Feliu y Platja d'Aro, a buscarles alojamiento, entre las casas y pisos de la gente del pueblo.

Hemos sido privilegiados testigos de los cambios del turismo, desde los años 50 y 60 hasta la actualidad. Y reflexionándolo, observamos que la esencia de los viajeros no ha sido tan diferente en el tiempo: buscan disfrutar de nuestras hermosas playas y poblaciones, del sol y del mar, y compartirlo con sus familias y amistades.

Este incremento poblacional y turístico a lo largo de los años ha traído prosperidad a los pueblos, a las empresas y a su gente. Desgraciadamente, también ha supuesto la destrucción irreversible del entorno natural y paisajístico de buena parte del territorio. Esperamos y deseamos que las nuevas normativas proteccionistas medioambientales y el incremento de concienciación ciudadana lo mejoren, hasta el punto de intentar revertirlo.

Y nos gusta ser críticas, para mejorar las formas de hacer y gestionar estas situaciones. Y creemos firmemente que debemos reflexionar y trabajar a nivel público y privado. Por esto nos sabe mal la visión de negatividad absoluta en torno a esta actividad, y la relevancia que ha tomado en los últimos años, llamada “turismofobia”.

Buscando en internet, se define como "antipatía o aversión al turismo ya los turistas, especialmente cuando se convierte en un fenómeno masivo en la zona". En ciudades como Barcelona, ​​y más recientemente Girona, este fenómeno ha tomado mucha relevancia. Cuentan que el exceso de visitantes ha modificado de la vida de sus ciudadanos, aumentando precios, y degradado el ecosistema y las áreas naturales…

Nosotras mismas vamos muy a menudo a estas dos ciudades. Y pensamos en nuestra experiencia.

Girona nos la sentimos muy nuestra, porque el día a día nos conduce a ella: trabajo, formaciones colegiales, gestiones, trámites, o temas diversos como compras, visitas médicas, encuentros lúdicos…

Trabajo puntual aparte, acostumbramos a “bajar” en Barcelona por jornadas de ocio más planificadas, como encuentros, teatros, exposiciones… y nos encanta hospedarnos un par de días y visitar diversos lugares: una mañana por las playas de la Barceloneta, una tarde por las calles de Gracia, entrada a un edificio gaudiniano, alguna exposición itinerante…

Realmente somos turistas, y hacemos de turistas: cámara-móvil en mano, crema solar y ojos embobados. Sustituimos las chancletas y calcetines, por otro calzado cómodo, que incluso nos hace sentir más integradas.

Y entonces, mientras paseamos, leemos en una fachada o un banco de una calle: “tourist kills the city, tourist go home, el turismo mata a los barrios, tourist you are terrorist…”. Nos deja mal cuerpo, y reflexionamos, y pensamos que quizás sí, que sin quererlo, nuestra estima por Barcelona, ​​como la de tantos otros turistas, ha hecho que los propios barceloneses se sientan invadidos y colapsados.

Pasados ​​estos dos días que acostumbramos a visitar la capital, volvemos a casa, a nuestra Costa Brava. Y siempre con una sonrisa, nos preparamos para el fin de semana, para recibir la afluencia de visitantes del área metropolitana, que se la sienten suya, y la quieren, y disfrutan cámara-móvil en mano, crema solar y chancletas . Y sin dejar de querer mejorar esta gestión de invasión y colapso, nos encanta compartir nuestra tierra.

 

TRABAJO DE FINES DE SEMANA Y VERANOS

Empieza a despertar otra temporada veraniega. Desde localidades como la nuestra, hablamos de temporada “turística”, y supone un auténtico cambio, que los ciudadanos observamos desde el momento en que salimos a la calle.

De hecho, este revulsivo lo percibimos semanalmente (épocas de pandemia aparte), a partir del viernes por la noche, y hasta el domingo. Diríamos incluso que tenemos la sensación de vivir en dos realidades distintas: la excesiva tranquilidad de entre semana, contrapuesta a la frenética y la opulencia de sábados y domingos.

La primera, se ve especialmente marcada por las entradas y salidas de los niños en las escuelas, y el tráfico de vehículos, de padres y abuelos, arriba y abajo.

En los fines de semana observamos un incremento, a menudo desmesurado, de peatones, vehículos, clientes en las terrazas de los restaurantes, de niños jugando en la playa, los columpios,…

Y este marcado ciclo semanal, se diluye y estalla en los meses de julio y agosto: los niños libres de escuela, las visitas a segundas residencias prolongadas, y los visitantes turísticos.

Ciertamente, nos gustaría vivir más equilibradamente, de forma más compensada, con menos estacionalización, y con un flujo de personas constante y fluido durante todo el año… pero nos amoldamos.

La adaptación a este desequilibrio se ha ido produciendo desde hace varias décadas, y hoy en día, lo efectuamos de forma natural, y muy especialmente por parte de los comercios, empresas de restauración, alojamientos y servicios.

De este modo, comerciantes y empresarios vivimos esta divergencia, que nos hace buscar constantemente el intento de equilibrar los picos de incremento de trabajo, y al mismo tiempo, con nuestro ocio, la vida laboral y la familiar. Y no sólo nuestro, sino también, como es obvio, de las compañeras y personal que integran nuestros equipos de trabajo.

Queremos lo mejor para toda la plantilla, y para nosotras mismas, pero no podemos obviar nuestra voluntad de servicio y atención a las personas, y ésta toma más sentido en momentos de mayor empleo.

Seguimos buscando, sin dejar de estar agradecidas por vivir en este entorno único y privilegiado,  y por ejercer nuestra maravillosa profesión.

 

Aquí no hay quien viva

La vida en las comunidades de propietarios se ha comparado muchas veces con lo que refleja la conocida serie de televisión “Aquí no hay quien viva”. Pues… tenemos una noticia buena, y una mala.

Empecemos por la mala, y así después podremos “remontar” hacia el optimismo: ¡la realidad supera a la ficción! Y no es una frase hecha: los problemas, enfrentamientos, disputas, ansias de protagonismo y de imponer el propio criterio… son mucho más acusados, frecuentes y graves en la vida diaria de los edificios, de los que se han podido imaginar los guionistas de la serie. Seguro que mientras leen estas palabras, le vienen varios ejemplos en la memoria, que les hacen decir la popular frase del portero Emilio (interpretado por el actor Fernando Tejero) de “¡un poquito de por favor!”

La buena noticia, es que estos mismos propietarios disponen de personas profesionales formadas y preparadas para solventar la mayor parte de sus problemáticas: las administradoras de fincas colegiadas (AAFF). Una profesión apasionante, vocacional, ligada a la voluntad de servicio y atención a las personas, y esencial en nuestra sociedad.

Nos es difícil sintetizar lo que supone ser una AAFF, toda la complejidad que engloba, la atención y psicología que conlleva mediar entre los propietarios. Nos atrevemos y compartimos unos pensamientos.

La legislación vigente catalana (Ley 5/2015 de 13 de mayo, de modificación del libro V del código civil de Cataluña, relativo a los derechos reales) define las funciones de la administración y secretaría en los siguientes siete puntos:

"a) Tomar las medidas convenientes y hacer los actos necesarios para conservar los bienes y el funcionamiento correcto de los servicios de la comunidad.

b) Velar por que los propietarios cumplan las obligaciones y hacerles las advertencias pertinentes.

c) Preparar las cuentas anuales del ejercicio precedente y el presupuesto

d) Ejecutar los acuerdos de la junta de propietarios y efectuar los cobros y pagos que correspondan. 

e) Decidir la ejecución de las obras de conservación y reparación de carácter urgente, de todo lo cual debe dar cuenta inmediatamente a la presidencia.

f) Pagar, con autorización de la presidencia, los gastos de carácter urgente que pueden correr a cargo del fondo de reserva. 

g) Las demás funciones que expresamente le sean delegadas por la junta de propietarios o atribuidas por la ley. “

Siete apartados aparentemente claros, concisos y escuetos, que esconden un amplio y casi infinito abanico de tareas y gestiones que afrontamos en nuestro despacho… ¡De cada uno de ellos podemos escribir un libro entero!

Empecemos destacando nuestra gran responsabilidad en la toma de decisiones de obras de carácter urgente. Ni siquiera necesitamos la autorización de la presidencia, sólo dar cuenta. Por tanto, en situaciones de emergencia, se nos exige actuar y evitar riesgos. En estos casos, debemos disponer de protocolos internos de actuaciones, que han de ser la guía para nuestros equipos de trabajo. Pero la realidad en estos momentos es que es vital nuestra rápida y eficaz actuación, siguiendo nuestro buen criterio, conocimiento y experiencia.

El último punto es una especie de cajón de sastre envenenado, que da carta blanca a la Junta de Propietarios: “las demás funciones que expresamente le sean delegadas…”. Queremos entender que esta delegación debe ser consensuada, y dentro de los límites lógicos de nuestras competencias y conocimiento.

El segundo apartado también es “divertido” porque en la práctica, a menudo no disponemos de medios técnicos y jurídicos rápidos y eficaces para llevarlo a cabo: “Velar por que los propietarios cumplan las obligaciones y hacerles las advertencias pertinentes.”

Casos de hechos cotidianos que nos denuncian algunos propietarios, sobre sus vecinos: ¿Cómo podemos obligar al propietario a que utilice la ducha antes de entrar en el agua de la piscina comunitaria? ¿Cómo exigimos a los vecinos que respeten el horario municipal de bajar la basura al contenedor? ¿Y el que riega las plantas excesivamente y perjudica a los vecinos de las plantas inferiores?

A las AAFF se nos pide que "velemos por hacer cumplir", pero ni nosotras, ni quien ejerce la presidencia de la comunidad, podemos evitar ciertos comportamientos incívicos. Por eso en los últimos años constatamos que están tomando mayor importancia la pedagogía y explicaciones sobre respeto de las normas de buena convivencia, a menudo plasmadas en los reglamentos de régimen interno de los edificios.

El primero es totalmente amplio y abierto: "medidas (...) para conservar los bienes y correcto funcionamiento de los servicios de la comunidad". Pensemos en un edificio, en todos sus bienes y servicios, cada uno con sus propias normativas y particularidades. A título de ejemplo: ascensores y plataformas elevadoras; antenas y sistemas de televisión (españolas y extranjeras, gratuitas o de pago); instalaciones de suministros (agua, electricidad, gas natural, sistemas wifi); medidas contra incendios; escaleras y rampas de acceso; puertas, ventanas, barandillas y cierres; cerraduras, timbres y porteros automáticos; pavimentaciones y revestimientos; tejados y terrazas; estructuras y cimentaciones; jardines y plantaciones, recintos exteriores, piscinas, instalaciones deportivas; alarmas y sistemas de vigilancia; contratación y trabajadores propios (conserjes, porteros, vigilantes, socorristas, limpiadores,...); gestiones fiscales (CIF, declaraciones modelos como el 347, tasas e impuestos,...); prevención riesgos laborales; certificado digital… ¡y un largo etcétera!

Imaginemos sólo por un momento en la gran complejidad y diversidad de cada uno de estos elementos. Y como AAFF, debemos ofrecer opciones de reparación y soluciones, a menudo de forma inmediata. ¿Cómo lo hacemos??? Para sintetizar, detallamos los 4 ejes que consideramos esenciales en nuestro despacho:

  1. Conocemos los edificios que administramos, y la voluntad y forma de hacer de sus propietarios. Tengamos claro que las comunidades son el reflejo de lo que quiere su vecindad. Su voluntad debe ser nuestro marco de actuación, determinante para tomar las decisiones que les afectan.
  2. Disponemos, aprendemos y sabemos encontrar las normativas, leyes y ordenanzas relacionadas. Y por supuesto, tenemos el apoyo incondicional del Colegio de Administradores de Fincas que nos apoya y forma, y entendemos que es la garantía máxima para nuestros clientes.
  3. Contamos con los mejores profesionales, tanto industriales, empresas especializadas en cada uno de los elementos descritos, como de técnicos (aparejadores, arquitectos, ingenieros). Nos ayudan, orientan, hacen presupuestos y ejecutan las tareas.
  4. Trabajo en equipo: el adecuado mantenimiento requiere voluntad, esfuerzo y coordinación de los propietarios, presidencia, industriales, y la AAFF como núcleo conector.

En conclusión, las AAFF somos sus mejores aliadas para que su comunidad funcione lo mejor posible, y debéis establecer sinergias y vuestra propia forma de trabajar, de manera eficiente, sintiéndoos cómodas y confiadas en esta relación.

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